CAPITULO 1: GENESIS

La Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús es un lugar apacible. En ella se reúnen periódicamente cientos de personas y decenas de comunidades. Adultos, jóvenes y niños que de una u otra forma se encuentran relacionados entre sí. Y no hablo solamente del tema religioso.
La mañana del primero de enero del nuevo año, no sólo la comunidad fue conmocionada por la serie de acontecimientos que a continuación relataré, sino también una ciudad, y por qué no decirlo, todo un país.
Por cierto, me presentaré: mi nombre es Homero Pisquehue, soy estudiante de periodismo de una prestigiosa universidad de la zona, tengo 22 años y soy... detective! Tal vez esa palabra suene un tanto anticuada y extravagante a la vez. Son tiempos en que no es común el término "detective privado", atrapado únicamente en las novelas de misterio de antaño. Lo que está de moda ahora son las fuerzas especiales de carabineros o la PDI (haciendo clara alusión al FBI estadounidense. ¿Ya vieron el logo y los uniformes?). No obstante lo anterior, y tratando de no pecar de soberbio, la fama que obtuve con el caso del asesinato en el Jardín Botánico me sirvió para abrir un par de puertas en esto del mundo de la investigación y hacerme de uno que otro "amigo influyente".
Mi llegada a Miraflores Alto, aquel día, fue a eso de las 2 de la tarde. Acostumbraba recorrer en mi moto ciertas calles del sector cada vez que iba de visita a la casa de mi abuelo, quién vive allí hace más de 40 años, por lo que no me fue difícil encontrar la parroquia. Cuando me "apeé" de mi corcel metálico, ya se encontraban en el lugar los que la prensa suele denominar como "efectivos de carabineros y de la policía de investigaciones". Con el perímetro cercado por algunos metros de plástico inscrito con la palabra "Peligro", tuve que hacer uso de la poca o casi nada elongación que me quedaba para poder traspasarlo. Me detuvo un tal cabo Morales.

- Señor - dijo con tono fuerte - no está permitido el ingreso de civiles a la zona.

- Lo sé. Sin embargo le ruego se comunique con el Inspector Larrondo, que de seguro está al interior, para que verifique que tengo cierta autorización para haber estirado tanto mi pierna - dije tratando de sonar algo chistoso.

- Atento cabo Mata...cabo Mata atento...habla Morales aquí. ¿Se encuentra mi sargento López ahí en el interior del inmueble?...cambio - dijo al tiempo en que presionaba un botón de su radio.

- Aquí cabo Mata...efectivamente, se encuentra mi Sargento aquí...cambio

- Recibido cabo Mata...ehm...tengo aquí en la puerta principal a un joven que dice que tiene autorizado su ingreso por el Inspector PDI Larrondo...cambio

- Aquí cabo Mata...informo al sargento López lo solicitado...cambio.

Al cabo de un par de minutos, fui dejado en libertad por un: "Adelante joven, el Inspector Larrondo le espera en el interior de la casa". Para llegar a ella se debía recorrer un patio de cemento ubicado al costado del templo, delante del colegio y afuera de la casa en cuestión. Como imagino lo raro que se debe haber leído eso y para dejar más claro el asunto, aquí coloco un mapa del lugar, que sin duda nos servirá de apoyo más adelante para hacernos algunas ideas espacio-temporales (ver en FOTOS):

Detalle del Mapa 3D

1  Colegio

2  Salas

3  Templo

4  Patio

5  Salón A

6  Amasandería

7  Estacionamiento

8 Casa del Cura

9  Bodega

10 Salón Laura Vicuña

Ingresé a una casa ni muy modesta ni muy acomodada. El living estaba compuesto por 3 sillones simétricamente ordenados dentro de la habitación. La gente de carabineros al interior me miraba con cara de pocos amigos, sin embargo continué mi cruzada a través del largo pasillo que conectaba no sólo el living con el resto de la casa, sino que todas las habitaciones entre sí (más adelante incluiré un dibujo con todas ellas).

 - ¡Homero! Por aquí - gritó una ronca voz desde el fondo del pasillo.

- Inspector Larrondo - dije al tiempo que hacía una pequeña reverencia en señal de respeto.

- Terrible lo que ha pasado aquí. Como han cambiado los tiempos, nunca pensé llegar a ver algo así...¡matar a un cura!.

- La mente humana puede ser muy extraña - añadí - ¿Podría continuar con el detalle del hallazgo? Esta mañana no alcanzamos a charlar mucho por teléfono.

- Claro. Acompáñame al lugar del asesinato.

- ¿Asesinato? - pregunté intrigado por tal aseveración.

- Aun no se ha hecho ningún análisis de rigor, pero ya sabes que mi sexto sentido rara vez falla.

- Si es así, lo elevaré a la categoría de "séptimo".